Y todo vuelve a la normalidad. Los idiotas vuelven a invadir la carretera. Los idiotas que pasan a menos 3 las bandas sonoras de la salida. Las idiotas mamás con L y con el coche de papá que no saben nada. Vuelven los idiotas que utilizan el carril de aceleración hasta el final. Los idiotas con grandes coches que van a 90 Km. por el carril de la izquierda. Vuelven los abuelos idiotas con su Land Rover por el carril del medio, porque creen que el de la derecha es exclusivo para tractores. Vuelven las prisas idiotas, y los atascos, con sus conductores idiotas. Vuelven las obras idiotas, que siempre empieza nuestro idiota Ministerio justo con las lluvias. Vuelven los idiotas que creen que pitando mil los atascos se van a solucionar. Vuelven los alumnos idiotas de las autoescuelas a hacer el idiota por la autovía. Y es que al final, la idiota normalidad siempre vuelve. Como vuelve la vuelta al cole, el otoño, los buñuelos calentitos los domingos por la mañana, las palomitas en el cine, las sonrisas heladas, los pañuelos de papel encima de la mesa. Vuelven las bufandas, las nubes, los gorros, la leche calentita, las estufas, las peleas por no encender las estufas, los ojos con lágrimas por culpa del viento. Vuelven los cafés apretados en la cafetería, el paracetamol para el resfriado. Vuelve todo. Incluso la idiota sensación de sentirme feliz cuando llega el otoño.

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