Desaparecía con tal facilidad de su vida que a veces le costaba creerlo. Volvía, como vuelven los fríos inviernos, siempre en la misma época, pero con diferente fuerza, diferente intensidad. Un día, cuando menos lo esperaba, llegó para quererse. Y quiso modificar su mundo, girarlo, mudarlo todo a su corazón. Qué dificil resulto; pero es que esta vez no quería desaparecer. Corazón, me quedaré aquí por siempre. Si no te gusta así, ... me sentaré en esta silla a esperar.

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