Jugar. Haremos de esto un juego. De todo un juego. Tu y yo jugando. Tu y yo participando en el juego. LLámalo divertido. Atrevido o arriesgado. Juguemos. Que ese juego, nuestro juego no nos hiera nunca. Porque lo que no queremos es hacernos daño. Sin embargo, todos los juegos acaban, por muy larga que sea la partida. Y al final, el mayor daño de ese game over es que uno gana, y otro pierde. El que gana se va sin más. Con dulces recuerdos, y pensando en su próxima partida, en su próximo rival. El que pierde... ese .... el perdedor llora, porque perder duele, por poco importante que haya resultado el juego. Perder se clava en la mente, o mucho peor, en el corazón, y nos va recorriendo hasta acabar con nosotros. Porque siempre que jugamos es para conseguir ser los campeones. Tal vez lo mejor sería jugar por jugar, simplemente. Y jugar por jugar sin tener que morir o matar, y vivir al revés que bailar es soñar con los pies.

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