DOlor por estar contigo en cada cosa. Por no dejar de estar contigo en cada cosa. Por estar irremediablemente contigo en mí.
REcordar que mis monedas no me permiten adquirir. Que mi deseo no es tan poderoso como para taladrar blindajes, ni mi atrevimiento tan hábil como para no hacer saltar la alarma. Recordar que sólo debe mirar los escaparates.
MIedo por no llegar a ser, por ni siquiera conseguir estar.
FAcilmente lo hacen: clavan sus espinas invisibles, abren la puerta del temor, hacen que renieguen de mí misma cuando menos se espera. Y ni siquiera saber cuántos han sacado copia de mis llaves.
SOLo he logrado el punzón de la pica, la lágrima del diamanteo, los caprichos del trébol. Quizá no existan los corazones. Quizá es que sea imposible elegir.
LAbios sellados, custodios del mejor guardado secreto, del recinto en donde las palabras reanudan sus batallas silenciosas, sus pacientes y refinados ejercicios de rencor.
SI crees que es paciencia, resignación, inmunidad o anestesia te equivocas. Es que he procurado cortar todas las margaritas para no tener que interrogarlas.
(Ana Rossetti.)

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