Marcaste el camino que llevaba hacia ti con lo que más me gustaba. Marcaste mi destino con caramelos. Caramelos y amor. Sin que yo lo pidiese comenzaste a endulzar mi vida, mis momentos, mis pasos. Hasta que pudiste tenerme bien enganchada. Después, al llegar al final, donde creía que estabas tu, me encontré con nada. Nada. Ni siquiera un puñado de caramelos extra por todo el esfuerzo de andar buscándote. Y ahora, lo peor de todo, es que como Hamsel y Gretel, no se el camino de vuelta a casa porque fui comiendo todos los caramelos que marcaban el camino. Ahora no puedo regresar. Me perdí. Ya no hay nadie que me endulce el camino.

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