Es de tontos
y no de sabios
pedir a sabiendas de que no te darán.
Arriesgar,
a sabiendas de que se perderá.
Pero a veces, a los tontos,
la boca, la esperanza y el corazón
se les tornan imprudentes.
Improcedentes.
A veces
el sabio inadecuadamente se vuelve tonto
para poder ejecutar improcedentemente.
No hay comentarios
Publicar un comentario